Andrés Peñas, especialista en trabajos verticales de Grupo BDI

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Imagen de nuestro compañero Andrés Peñas, especializado en trabajos verticales, tras finalizar una carrera popularSeguimos conociendo a fondo a todos los profesionales que conforman la familia de Grupo BDI. En esta ocasión hablamos más a fondo con Andrés Peñas García, con 16 años a sus espaldas como especialista en una de esas tareas que resultan más llamativas desde el exterior: los trabajos verticales. Acostumbrado a descolgarse desde las alturas por las fachadas de los edificios, cualquier pregunta resulta fácil de responder para Andrés.

—¿Cómo es un trabajo en el que te pasas la mayor parte del día colgado en las alturas? 
—Es gratificante. Me siento útil y realizado porque hay pocas personas capaces de hacer esto. Lo que hacemos es bastante complicado, y me siento importante en una empresa de rehabilitación, sin olvidar los inconvenientes que pueden causar las inclemencias del tiempo.

—¿Es necesario tener formación especial o experiencia? ¿Cuáles?  
—Sí, por supuesto. Como mínimo hay que tener la formación básica de prevención de recursos humanos, y a partir de ahí la formación de trabajos verticales: curso Of-Basic (que sería el equivalente al de un peón); curso Of-I (como oficial) y curso Of-II (como encargado). Aparte de los cursos de prevención necesarios, lo principal en esta profesión es la experiencia, el conocimiento y el trabajo constante.

—¿Sigue algún entrenamiento especial?
—Yo, personalmente, sí. Intento cuidarme porque desarrollamos el cuerpo completo. Lo hago con estiramientos y carreras.

—¿Cuáles son las medidas de seguridad indispensables? 
—Arnés, casco y las cuerdas con sus mosquetones de anclajes. Para hacer estos anclajes también es necesario tener un curso específico de trabajos verticales.

—¿Cuál es el edificio o ciudad donde más le haya impresionado trabajar en las alturas? 
—En Barcelona, en el teleférico que va desde el puerto hasta Montjuic. Estuve quitando las redes de seguridad.

—¿Algún susto o accidente en alguna ocasión?
—Sí. A los tres meses de empezar en este oficio me anclé con la punta de la cuerda y, al poner una pierna para salir, cuando me di cuenta estaba toda la cuerda por delante. Menos mal que lo arreglé a tiempo porque hubiera sido una caída importante.

—¿Alguna anécdota?
—Cuando nos toca cambiar las bajantes de los edificios y a los vecinos se les olvida que estamos trabajando, y en plena faena tiran de la cadena… Y nos cae todo encima.

—¿Ha cambiado mucho la actividad desde que comenzó hasta este momento?
—Sí, mucho. Entre los años 1995 y 1998, cuando empecé, se iba por libre: sin casco, con aparatos no homologados, con arnés de escalada, con cuerdas de escalada no homologadas… Ahora todo tiene que ser homologado. Ha mejorado bastante.

—¿Qué edificio histórico o emblemático (de cualquier parte del mundo) le gustaría rehabilitar colgado de él?
—El Gran Sol, el hotel de la Rambla de Alicante. O algún edificio o palacio con forma de castillo.

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